
Ibiza Global Festival 2026
Si la celebración del Ibiza Global Festival, que tuvo lugar entre el 3 y el 5 de julio en la playa de s’Arenal, ya generó un aluvión de críticas por las molestias generadas a lo largo y ancho de la bahía de Portmany, el Ayuntamiento de Sant Antoni ahora da un paso más y permitirá la privatización de esta orilla, coincidiendo con el eclipse solar del 12 de agosto, donde sólo se podrá acceder previo pago de una entrada de 45 euros. Para esta jornada se ha anunciado la celebración en plena zona pública de un evento privado de música electrónica denominado ‘Feels Like Eclipse Festival’, que incluye “asientos en primera fila para una experiencia inolvidable en la principal playa de Sant Antoni”, según la promoción que ya se está circulando por Internet y en las redes sociales.
Esta nueva explotación del espacio público de s’Arenal debe suscitar un debate imprescindible sobre si el concepto de “interés general” que se aplica para autorizarla, saltándose múltiples ordenanzas municipales, como por ejemplo la de ruidos, tiene que estar por encima del “interés general” que también representa la necesidad de descanso de los vecinos. O, de la misma manera, que éstos también puedan disfrutar de un fenómeno tan único como el eclipse en una playa pública, sin tener que pagar por ello a una entidad privada o tener que soportar música electrónica a todo volumen como acompañamiento obligatorio de dicho acontecimiento astronómico.
La autorización para la organización de esta fiesta, además, resulta insólita si se atiende al contexto de saturación que esa jornada única generará en toda la bahía de Portmany. Hay que subrayar que, de manera general, Sant Antoni ya es el destino turístico más masificado de la isla, especialmente durante la puesta de sol. El fenómeno del eclipse precisamente tendrá lugar a esa hora, por lo que la amenaza de colapso del centro urbano de Sant Antoni es especialmente preocupante, sin necesidad de añadir a la ecuación un macrofestival en s’Arenal en idéntico horario. De hecho, desde Salvem sa Badia consideramos que dicho evento, más que responder al interés general, atenta contra éste y más desde el punto de vista de la seguridad.
Esta nueva decisión municipal, que tiene graves efectos colaterales para el medioambiente y vuelve a convertir un espacio natural como es la playa de s’Arenal en una discoteca al aire libre, Salvem sa Badia de Portmany ya ha presentado ante el Ayuntamiento por escrito, el pasado viernes, solicitud de acceso tanto al expediente de esta fiesta como a la del Ibiza Global Festival, con el objetivo de revisar todas las autorizaciones, informes, resoluciones, decretos e incluso quejas ciudadanas que tengan relación con ambos eventos. Al mismo tiempo, conviene recordar que ninguno de ellos forma parte de la programación de unas fiestas patronales o tienen un carácter municipal, sino que se trata de iniciativas particulares que persiguen un beneficio económico y/o promocional a costa de la privatización del espacio público, el medio ambiente y el descanso y el bienestar de los vecinos.

Ibiza Global Festival 2026
Precisamente, tras el Ibiza Global Festival que convirtió la playa de s’Arenal en una sala de fiestas durante tres días, Salvem sa Badia hizo un llamamiento a los vecinos para que expresaran su experiencia personal. Desde entonces, se han recibido múltiples comentarios, vídeos y hasta sonometrías realizadas con aplicaciones móviles, que dejan constancia del importante malestar que ha generado la fiesta y cómo la música impidió el descanso en viviendas de todo el entorno de la bahía, incluida la zona de Cala de Bou, donde, incluso en casas bien aisladas acústicamente y con las ventanas cerradas, se llegaron a registrar cerca de 90 decibelios en plena madrugada.
Dichas protestas no sólo aluden al ruido, que es el principal tema de polémica, sino también a la contaminación lumínica. Por ejemplo, un vecino de Can Tomàs, cuya vivienda está situada a cuatro kilómetros del evento, denuncia la intensidad de la contaminación lumínica: “Había unas luces como de faro que se extendían hasta donde alcanza la vista, además de otras luces de efecto estroboscópico que parecían rayos a medianoche”. Hay que tener en cuenta que este festival de música electrónica se produjo en la época de primer vuelo de los pollos de pardela balear, que es un ave marina endémica de las más amenazadas de Europa, con el peligro de desorientación que implica para esta especie una iluminación tan desmesurada.
Los vecinos también se quejan de forma reiterada de que la música superaba de largo los límites establecidos y que duró hasta mucho más allá de la medianoche, afectando gravemente a su derecho al descanso. “Cuando llamé a la Policía Local para hacer la denuncia y mencioné los decibelios que llegaban a casa me respondieron que este evento no tenía ningún límite de ruido”, apunta uno de los afectados. Otros, asimismo, se preguntan por qué el Ayuntamiento autoriza esta clase de festivales, que son privados y que, en realidad, aunque se escuden en el interés general para autorizarlos, nada tienen que ver con él. “La falta de empatía con respecto a los vecinos es total”, señalaba otro afectado.
Hay que destacar también la suciedad generada en la orilla a causa del festival, donde, según otro residente, “dos días después quedaban en la arena residuos como brazaletes de colores, vasos de plástico, globos e incluso cristales rotos. Muchos de estos materiales habrán acabado en el mar arrastrados por el viento”, apunta.
